
"No son capaces de llenar el Rex... mirá qué tristeza esto", exageraba un amigo que supo militar en alguna corriente del peronismo, pero que ahora asesora a Fernando Iglesias, de la Coalición. Enfrente nuestro estaba un nervioso Alfonso Prat-Gay, el primero en dar (leer) su discurso. Se notó que lo aplaudían porque encabeza la boleta a Diputado Nacional. No transmitió sangre y despejó mis dudas: es un tipo que da mucho más en una entrevista televisiva que sobre un atril.
Después llegó el turno del segundo de Buzzi en la Federación Agraria, un tal Fernando Orsolini. Muy al estilo Buzzi (y De Angeli), este pampeano se ganó al público cuando pintó la realidad de los pequeños productores y, al referirse a los peones sentenció: "(Los K) los están trayendo al conurbano para juntar votos. En el campo ya no tienen laburo".
Ricardo Gil Lavedra también opacó a Prat-Gay. El ex integrante del tribunal que condenó a los militares en el Juicio a las Juntas fue predecible, pero enfático. Cautivó con su verba. Le apuntó al INDEC y fue aclamado cuando ensayó el Preámbulo de la Constitución, al estilo Alfonsín. También recordó su paso como Ministro de Justicia, allá por el ochenta y pico.
El último que vi antes de cruzarme hasta La Cuartetas fue a Ricardo, el hijo de Raúl. Me impresionó el parecido. La voz gastada, los gestos con las manos como pidiendo silencio, la cabeza meneándose de un lado a otro, buscando conectarse con cada uno de los presentes.
Todavía no sé bien por qué fui hasta el Rex. El frío invitaba a quedarse en casa tomando algo caliente. No sé si vayan a ganar. Ni siquiera si los votaré. Pero algo me alentó a salir ver qué tienen estos tipos para decirme. No nos damos cuenta, pero nuestro futuro está en juego. O quizá no. Del Rex me vine con una certeza: al menos por un rato me atreví a mirar qué hay aparte del ahora.
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