ImaginamosEl domingo nos enteramos que los 33 mineros chilenos están con vida.
Que sobrevivieron como 17 dias bajo tierra, a 700 metros de profundidad.
Recibimos infografías, calculamos la profundidad.
Hasta nos preguntamos estupidamente: ¿Atacama? ¿dónde es San Jose? ¿cerca de Viña?
Imaginamos. Allá abajo. Una luz tenue, frío -o calor?-. Polvo.
Nos agrada la imagen de Piñera con su sonrisa gardeliana. Bolsita ziplock tipo evidencia FBI en mano y envuelto en euforia. Creemos sentir esa euforia. Cuanto vale esa foto? (no la foto, el momento)
La estruendosa noticia nos guía a pensar. (qué bueno que al menos una noticia nos haga pensar)
Cómo habrán sido esos 17 días? qué comen, qué hacen, dónde cagan, qué cagan...
Se informa que tenían provisiones y comian dia por medio.
Imaginamos. Comer con la mano. Estar apretujado. Piel contra piel, sudor contra sudor.
Empieza el reality
Ahora los mineros saben que nosotros sabemos que estan vivos. Y que haremos todo lo posible para rescatarlos: rezar en todos los idiomas, ayunar, enviarles fuerza, etc.
"De tres a cuatro meses", dicen, puede durar el rescate. Ellos no lo saben.
Los astronautas de la NASA twittean para ayudar. Ellos saben qué hay que hacer para evitar que los músculos se atrofien.
Alguien cuenta que les mandaron cepillos de diente y pasta. (hay agua)
Imaginamos. Agua. Un balde.
Una cámara los filma, dicen. Se ven unos ojos, en una imagen azul como espacial. No dicen nada. Apenas se mueven. Pero son los ojos de un minero.
Cuánto tiempo pasará hasta que nos olvidemos de los 33 mineros. Una semana?? como ocurrió una semana después del derrumbe?
Imaginamos. Paladeamos la frágil pero dulce sensación de estar vivos. O estar muertos.